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Los orígenes de Le Maréchal

Hay que buscar los orígenes del queso Le Maréchal –“un duro de corazón blando”– en la conjunción del genio y la pasión. El genio de un artesano quesero, Jean-Michel Rapin de Granges-Marnand (en la Broye vaudoise), que mucho antes que los demás presintió los deseos del consumidor por productos auténticos de calidad. Y la pasión de un equipo de productores lecheros que se marcaron una serie de exigencias para desarrollar y garantizar la originalidad de un queso de gusto untuoso.

Ya a principios de los años 90, la idea de fabricar una especialidad desmarcada del gruyère se abrió camino en el artesano quesero de Granges, aportando así una respuesta personalizada a la liberalización del mercado quesero en Suiza. El interior fundente de Le Maréchal, sutilmente impregnado de los aromas contenidos en las hierbas añadidas manualmente en la fase de afinado, satisface sobradamente las expectativas de los gastrónomos que buscan autenticidad.

Desde 1992, año en que las primeras piezas de Le Maréchal maduran en las bodegas de la quesería de Granges, el éxito de la gestión experimenta una progresión constante. Le Maréchal gusta y encuentra un lugar codiciado en todas las buenas mesas.


Un poco de historia sobre los orígenes de la denominación

Desde las primeras degustaciones del queso de pasta dura que acababa de crear, Jean-Michel Rapin se dedicó a encontrarle un nombre que se correspondiese con la personalidad del producto, al mismo tiempo independiente, original y generoso.

Casi de forma natural las imágenes de su bisabuelo, Emile Rapin, se fueron imponiendo sobre otros recuerdos. Emile Rapin vivió de 1852 a 1943 en Corcelles-près-Payerne, pueblo broyard del que era herrador (en francés, maréchal-ferrant). Profundamente ligado a su oficio, dejó en la memoria la huella de un artesano auténtico y concienzudo, también con una fuerte personalidad, que apenas podía esconder un corazón generoso debajo de una corteza un poco ruda.

Decididamente, ese herrador bien merecía el premio de una denominación destinada a honrar a un ilustre queso. En complemento al abundante bigote que remarca el rostro recio y la mirada maliciosa del antepasado, adorna ahora todas las piezas de un producto apreciado hasta en Norteamérica.